Me gustó, porque dan lo que sea por ella, la cuidan y protegen con su vida. Además de que la ayudan en momentos de ataques de pánico y la aceptan tal cual es. Ella les llena ese vacío emocional que ellos tienen, que aunque suene toxico eso
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Notas de lectura y recomendaciones de los creadores de Leeria. Descubre qué leen y por qué — o sigue a tus lectores favoritos.
Me encantó la historia, la ambientación del libro es tan pintoresco y además de como va evolucionando la relación entre ellos y los personajes individualmente. Me encanta la vibra del primer amor y el amor joven e inocente que se tienen. 🫶
Esta sgunda parte de la saga "Empireo" me dejó mal. 😍 La amé demasiado, aunque había unas partes que sentía que estaba muy lento, que era mucha información para procesarse o que era muy repetitiva la falta de comunicación entre Xaden y Vio
Había escuchado solo maravillas del libro y no me decepcionó, fue una tremenda lectura con un toque de magia que logra enganchar a cualquiera, es una historia que te hace vivir todo tipo de emociones, muy rápida de leer y que deja bastante
Si alguien os dice que el ensayo es aburrido, dadle El infinito en un junco y callad. Vallejo demuestra que se puede divulgar con la emoción de un thriller. Ojalá se enseñara así en los institutos.
Un verano, Italia, diecisiete años y todo lo que duele desear. Aciman escribe el deseo como pocos. El final, con el padre hablándole a Elio, lo subrayé entero. Me dejó melancólica una semana.
Hay una nota al final de Memorias de Adriano donde Yourcenar cuenta cómo lo escribió: los años de documentación, las libretas perdidas y recuperadas. Esa nota es casi tan buena como la novela. Para quien le guste el oficio, es oro.
Gregorio amanece convertido en insecto y lo terrible no es eso, sino la rapidez con que su familia se acostumbra. Kafka escribe la pesadilla con lógica de oficina. Breve, frío, perfecto. Te deja una incomodidad que tarda en irse.
Releyendo Harry Potter de adulta y flipando con cuántas cosas se me pasaron de niña. Aunque sigo saltándome las descripciones largas, igual que a los diez. Hay costumbres que no se van.
Allende y sus mujeres de varias generaciones, Clara hablando con los muertos. Empieza luminoso y termina en el horror del golpe, y ese viraje me dejó temblando. Algún personaje queda algo plano, pero el conjunto te atraviesa.
Psicología infantil, trauma y la importancia del contexto en el desarrollo. Duro, pero real y un básico a mi parecer en psicología del desarrollo. ¡Lo he releído muchas veces!
Un clásico ligero y entretenido. Perfecto para días de playa.
Reflexivo, crudo, cercano, único.
Clarice y Hannibal. Punto. Los diálogos entre ellos son puro pulso. Da más miedo lo que insinúa que lo que enseña. Buffalo Bill casi sobra.
Un monasterio, una biblioteca laberíntica y monjes que mueren. Lo vendieron como policíaca medieval y lo es, pero Eco mete tanta historia y teología que aprendes sin enterarte. Algún diálogo se me hizo cuesta arriba, lo confieso, pero la bi
Brutal. Voy por la mitad y ya me ha dado alguna idea de las que se impregnan
Leo literatura asiática despacio, casi siempre de noche. Hay un ritmo distinto, más de pausa que de trama. Al principio me desesperaba. Ahora es justo lo que busco cuando todo va demasiado rápido.
Un viejo, un pez, el mar. Nada más y todo. Hemingway no sobra ni una palabra, y en esa desnudez cabe la dignidad entera de una vida. Lo leí en una tarde y lo pienso a menudo. La novela corta perfecta.
Llevo desde marzo. Voy y vuelvo. Hay capítulos de aventura magníficos y luego cuarenta páginas sobre la anatomía del cachalote que me derrotan. Algún día lo termino. O eso me digo cada domingo.
Harari resume setenta mil años de humanidad y lo hace endiabladamente bien. La idea de que vivimos de ficciones compartidas (el dinero, las naciones, los dioses) me reordenó la cabeza.
Tengo tres ediciones distintas del Principito y las he ido regalando y recomprando. Es el libro que dejo en casa de quien quiero. Pequeño, sencillo, y dice más que tratados enteros.
Releyendo Dune y me pasa lo de siempre: la primera vez lo lees por la trama, la segunda por la política, la tercera por la ecología del desierto. Es como tres libros distintos según el momento de tu vida en que lo abras. Pocas novelas aguantan tantas relecturas sin gastarse.
Voy entrando en la plaza de Tucumán con las travestis de Sosa Villada y su lengua que es puro fuego. Mezcla crudeza y realismo mágico de un modo que no había leído antes. A medias, pero ya lo amo.
Kvothe es insoportablemente bueno en todo y aun así me lo creí entero. La parte de la Universidad y el sistema de magia me parece de lo mejor escrito en fantasía moderna. Eso sí, llevamos más de una década esperando el tercer libro, así que
Vuelvo a El viejo y el mar siempre que escribo de más. Hemingway me recuerda que quitar es más difícil que poner. Cien páginas y ni una sobra. Es una lección de humildad cada vez.
Un atraco imposible con seis personajes rotos y carismáticos, cada uno con su voz. Kaz Brekker es mi villano favorito con todas las letras. Bardugo monta un plan con más giros que una serie. Lo devoré y empecé el dos esa misma noche.
La gente le tiene miedo a los rusos y lo entiendo, los nombres asustan. Pero Crimen y castigo es un thriller psicológico de 1866. Si pasas de la lista de personajes del principio, vuela. Os lo prometo.
Polémica: Colleen Hoover no escribe maravillas, pero conecta con muchísima gente que antes no leía nada. Y eso, lo repito, no es poca cosa. Por algún sitio se empieza.
El argumento es impecable y sigue vigente: para escribir hacen falta dinero y un espacio propio. Como texto se nota el siglo que tiene y a ratos se me hizo lento. Pero las ideas valen cada página.
Borges en estado puro: cuentos que son laberintos, bibliotecas infinitas, un mapa del tamaño del imperio. No se leen de corrido, se rumian. Cada relato me obliga a parar y mirar al techo un rato. El más grande, para mí.
Lo vi en peli primero, error mío. Aun así el libro me tuvo enganchada. Esa isla, ese faro, esa tormenta. Lehane juega sucio y encima te gusta que lo haga.
Murakami melancólico y sin gatos ni pozos raros, solo gente joven perdida en el Tokio de los sesenta. Watanabe, Naoko, la tristeza de fondo. Lo leí en otoño y fue el acompañamiento perfecto. Quizá el más fácil para entrar en él.
Pachinko hace lo que más admiro en una novela: contarte un siglo de historia sin que sientas que te dan una clase. Pura vida de una familia, y de paso entiendes la discriminación a los coreanos en Japón. Ojalá más libros así.
Cuatro generaciones de una familia coreana en Japón, tratadas siempre como extranjeras. Min Jin Lee cuenta la historia grande a través de lo pequeño, y me enseñó un trozo de mundo que ignoraba por completo. Lo terminé y lo eché de menos.
Kahneman explica por qué tu cabeza te engaña a diario, con sus dos sistemas de pensamiento. Es denso, no voy a mentir; lo leí en tandas de un capítulo. Pero salí mirando mis propias decisiones con una desconfianza sana.
Marianne y Connell y su no terminar nunca de estar juntos. Me enganchó pero también me frustró. A ratos quería meterme en el libro y zarandearlos. Rooney escribe el silencio entre dos personas muy bien, eso se lo concedo.
La lección de Shirley Jackson: lo que no enseñas asusta más. Hill House casi no tiene sustos y es de lo más inquietante que he leído. El cine debería tomar nota en vez de tanto golpe de sonido.
Todo el mundo recuerda a Anna, pero el alma del libro es Levin segando heno y buscándole sentido a la vida. Tolstói mete el mundo entero aquí dentro. Larguísimo, sí; me llevó dos meses y no me arrepiento de ni uno.
La gente mayor mira el YA por encima del hombro hasta que les pones Seis de cuervos delante. Personajes que arrastran traumas de verdad, un plan imposible, cero relleno. Que no os den el rollo de que es "literatura menor".
Cada vez que alguien me suelta que "los cómics son para niños" le presto Maus. Vuelven calladitos. El medio no es el techo: un Holocausto contado con ratones puede destrozarte igual que cualquier novela. O más.
Una historia de vampiros que en realidad va de la soledad de dos niños en un suburbio nevado y triste. Oskar y Eli me dieron más pena que miedo, y eso es un elogio. Lindqvist coge el tópico y lo hace humano. Incómoda y preciosa a la vez.
Una mujer que solo se siente entera trabajando en un konbini, y una sociedad que no la deja en paz por no encajar. Murata escribe raro y preciso a la vez. Corto, incómodo, y de los que te hacen mirar las normas que das por hechas.
Releer un thriller sabiendo el final debería ser aburrido. Con Shutter Island es al revés. Pillas todas las pistas que Lehane te dejó en la cara y no viste. Eso es escribir bien.
Confesión de lector de clásicos: tengo el Ulises de Joyce en la estantería de adorno desde hace seis años. Lo he empezado tres veces. Algún día. O no. Y no pasa absolutamente nada.
Soy un cobarde que lee terror, ya lo he dicho. Duermo mal, reviso el armario, y al día siguiente vuelvo a por más. No lo entiendo ni yo. Pero hay algo en pasar miedo desde el sofá seguro que engancha.
Me preguntan cómo leo no ficción densa sin abandonar. Un capítulo al día y subrayar sin miedo. El libro es tuyo, no una reliquia. El mío de Kahneman parece un campo de minas de lápiz.
El truco de Sapiens no es la información, que la encuentras en cualquier sitio. Es el marco. Te da unas gafas nuevas para mirar el mundo. Luego ya discutiremos cuánto simplifica, que simplifica bastante.
Defiendo que leer manga es leer. Punto. Me he tragado discusiones absurdas sobre si "cuenta" o no. Monster o Pluto tienen más capas que la mitad de novelas que me hicieron leer en clase.
Empecé a leer de verdad con doce años por una saga juvenil. Hoy leo de todo. El YA es la puerta por la que entramos un montón. Quien lo desprecia se olvida de cómo empezó él.
Lo de Perdida no es el giro. Es que después del giro la cosa sigue subiendo. La mayoría de thrillers se desinflan en cuanto sueltan la bomba. Este no. Flynn sabía exactamente lo que hacía.